Espiritualidad y vida


Espiritualidad y vida son una misma realidad. No puede haber vida sin espíritu, ni espíritu sin vida. El amor es el lazo, el camino que unifica, donde la existencia aflora en lo cotidiano y refleja a cada instante una vivencia integrada de plenitud y conciencia.

Cielo y tierra, lo sagrado y lo humano, son una misma manifestación del Ser, de nosotros mismos. En esta verdad todo expresa su armonía, todo se expande en infinitas manifestaciones y se concilia a su vez en un canto único y universal.

El canto del ser, uno y diverso, común y a su vez genuino en cada forma, hace del alma la expresión de lo cósmico, la melodía de un Corazón que inagotable se manifiesta, alumbrando los instantes, elevando a nuestro ser en comunión de amor con la vida, con nuestra propia esencia.

Pues yo soy tú y tú eres yo, y ese reconocimiento profundo, sincero, es la razón eterna, verdadera, de nuestro infinito e incondicional amor.

Amor sagrado (Tantra yoga)



Te entrego un silencio en el instante mágico 
una mirada que hable torrentes de amor
un océano en mi beso para bañar tu boca
y estremecer tu alma
Te entrego un corazón sereno
que acaricie el tuyo
y te ame con latidos infinitos
En la caricia y en el aroma el amor se dilata,
crece y se alarga entre instantes eternos
penetrando a lo sagrado
Mi cuerpo se funde con el tuyo
creando un solo cuerpo
jugando más allá del tiempo y de la mente 
mirando a lo divino en la verdad del ser entregado 
El olor de los bosques, de la piel, del viento 
y del incienso, de los ríos desbordantes...
todo es melodía de amantes, de eternidades...
Y nuestros cuerpos se rozan, se acarician 
en la meditación del tacto y del aroma,
en el tantra del corazón profundo 
que sabe que dos cuerpos mortales,
cuando se aman y vuelan,
son avatares y dioses

Presencia plena

Cuando la mente se desvanece como un suspiro en el tiempo, la eternidad acontece, el no-tiempo, el instante sin lugar, la presencia plena de lo que es. Y entonces, una brisa de amor aparece, un momento de inocencia incapaz de ser atrapado por el lenguaje. Pues es otro lenguaje el que lo nombra: el lenguaje de la belleza, del corazón, de lo sin nombre. 
No hay palabras para expresar ese no saber sabiendo, esa trascendencia sublime que nos contiene, ese Ser que somos, que habita en la Verdad desnuda, en el Amor fresco y naciente de nuestra propia esencia.

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